Las piezas, creadas durante su formación en composición y guiadas por el maestro, compositor y guitarrista Javier Farías, serán estrenadas por The Spectacle Collective Quartet junto al guitarrista Scott Hill. El repertorio explora el diálogo entre la música de raíz sudamericana y la tradición clásica occidental.
Nueve jóvenes compositores vinculados a Escuela Moderna llegarán hasta Boston, Massachusetts, para vivir uno de los hitos más significativos de su trayectoria: el estreno mundial de sus propias obras frente a una audiencia internacional. Las piezas fueron escritas especialmente para The Spectacle Collective Quartet y serán interpretadas junto al guitarrista estadounidense Scott Hill, en una instancia que permitirá llevar la creación de estos músicos chilenos fuera del aula y hacia un circuito artístico internacional.
El programa contempla siete obras escritas para cuarteto de cuerdas y dos que además incorporan guitarra, dando forma a un repertorio que transita entre distintas expresiones de la música sudamericana y recursos propios de la tradición clásica occidental. Las composiciones fueron desarrolladas bajo la mentoría del compositor y guitarrista chileno Javier Farías, quien acompañó a los estudiantes durante el proceso de creación y revisión de las partituras.
Las obras que serán estrenadas son Florecer en un Desierto, de Gregorio Ried; Donde Susurran los Cerros, de Cristóbal Cabrera; Canto, de Octavio Mena; El Cielo Contraído en un Cuerpo, de Tomás Muñoz; Vuelve Aquí Ahora los Ojos y Mira esa Nación, de Ivo Unrein; Made in Latinoamérica, de Matis Young; Trinity Sunrise, de Yuliana Pandolfa; Manifiesto, de Matías Guíñez; y Mi Mantita, de Sebastián Vergara.
Para los compositores, el proyecto representa además una extensión natural de su proceso de egreso. La escritura para cuerdas formaba parte de los desafíos de su formación académica, pero esta vez las obras adquirieron una dimensión distinta al estar destinadas a una interpretación profesional y a un estreno fuera de Chile.
“Fue súper motivador porque fue hacer algo real”, explica Sebastián Vergara, uno de los compositores participantes. Para él, la experiencia significó además enfrentarse a un territorio poco explorado dentro de su propia creación: la música instrumental y la escritura para guitarra. Su obra, Mi Mantita, busca representar elementos de la música latinoamericana a través de una imagen de acompañamiento y protección, donde la guitarra funciona como el camino que recorre un personaje y las cuerdas como quienes lo acompañan durante ese trayecto.
La obra de Cristóbal Cabrera también nace desde una conexión profunda con la música de raíz. Originario del norte de Chile, el compositor encontró inspiración en el cachimbo y en los paisajes de Tarapacá para construir Donde Susurran los Cerros. La pieza incorpora elementos rítmicos y melódicos asociados a esta tradición y los transforma para integrarlos al lenguaje de cámara.
“Se llama Donde Susurran los Cerros porque especialmente allá en La Pampa hay un ruido del viento que es muy específico, es muy fuerte”, relata Cabrera. La obra también recoge recuerdos familiares y materiales provenientes de archivos sonoros, configurando una suerte de collage entre memoria, territorio y tradición musical.
Durante estos últimos días Scott Hill, guitarrista que participará en los estrenos, estuvo reuniéndose con un par de compositores para revisar las partituras y añadir observaciones sobre cada obra. Para ellos, este intercambio se ha convertido en una instancia de aprendizaje que trasciende la evaluación académica.
“Nosotros seguimos siendo estudiantes recién egresados. Entonces, lo bonito de esto es que es mucho aprendizaje para nosotros”, señala Cabrera, quien destaca especialmente la posibilidad de que las obras no queden archivadas después de su evaluación, sino que tengan una vida artística concreta.
Ese punto constituye uno de los principales valores de la experiencia. Para un compositor en formación, uno de los desafíos habituales es que las obras creadas durante los años de estudio muchas veces no llegan a ser interpretadas públicamente. En este caso, el proyecto permitió que las composiciones fueran concebidas desde un inicio para intérpretes determinados y con un estreno internacional como horizonte.
“Muchas veces el temor del compositor es que estas obras queden guardadas en el bolsillo, en el pendrive, en el computador. Entonces, el hecho de que ahora exista esta cosa de que se vaya a estrenar hace que uno dé aún más y el aprendizaje sea exponencial”, reflexiona Cabrera.
Tras los estrenos en Boston, los compositores también participarán en charlas y actividades relacionadas con sus obras en distintas ciudades y universidades de la región de Nueva Inglaterra, ampliando el alcance de una experiencia que conecta la formación musical chilena con espacios de creación e interpretación en Estados Unidos.
Para Scott Hill, el desafío que enfrentan estos jóvenes compositores recién comienza. Su recomendación es perseverar y asumir la creación musical como un compromiso de largo plazo. “Hay que creer en la carrera y en su música”, plantea, destacando que la construcción de una trayectoria artística requiere trabajo constante, estudio y confianza en la propia propuesta.
Así, el viaje a Boston no representa solamente el estreno de nueve composiciones. Es también la posibilidad de que una nueva generación de creadores chilenos ponga en circulación sus propias voces, dialogue con intérpretes internacionales y compruebe, fuera del contexto académico, cómo sus obras pueden adquirir una nueva dimensión cuando son llevadas al escenario.



