Con emoción, disciplina y años de formación detrás, Mariel Bracamonte, egresada de Danza de la Escuela Moderna de Música y Danza fue seleccionada para integrarse al Ballet Nacional Chileno, una de las compañías más importantes del país. En esta entrevista, comparte cómo vivió el proceso de audición, los desafíos personales que enfrentó y el profundo impacto que tuvo su paso por la Escuela Moderna en la construcción de su identidad artística y profesional.
- ¿Cómo recibiste la noticia de que fuiste seleccionada para el Ballet Nacional Chileno?
Mathieu Guilhaumon fue quien anunció la lista de seleccionados. Quedé un poco en shock al escuchar mi nombre pero poco a poco comencé a dimensionar lo que esto significaba y la emoción fue creciendo cada vez más.
- ¿Qué significa este logro para ti en lo personal y profesional?
En lo personal, cumplir este objetivo que vengo soñando desde la universidad fue una satisfacción muy grande. He trabajado muchísimo para ser parte de esta compañía y recuerdo perfectamente la primera vez que vi al Ballet en una función en Matucana 100; en ese momento pensé: yo quiero estar ahí.
En lo profesional, siento que es un gran desafío, porque de alguna forma también implica demostrar por qué te ganaste ese lugar. Hay presión, claro, pero también mucha emoción al poder dedicarte a lo que amas.
- ¿Cómo describirías tu paso por la Escuela Moderna?
Fue un proceso acontecido, porque mis primeros dos años estuvieron atravesados por el estallido social y luego por la pandemia. Aun así, fue una etapa de muchísimo aprendizaje. Yo vengo de Antofagasta y realmente conocía muy poco de lo que significa ser un profesional de la danza, por lo que la Escuela Moderna fue el lugar que me enseñó y me acogió durante todos esos años que viví lejos de mi familia.
También tuve la suerte de conocer maestros maravillosos y personas muy hermosas, además de compañeros muy apañadores que realmente sostuvieron mi paso por la escuela y con quienes compartí muchos procesos importantes.
Ya en mis últimos años de universidad sentí una maduración artística importante, que me permitió ser parte de la compañía de la Escuela Moderna y también vivir un proceso de título muy enriquecedor con coreógrafos como Fabián Leguizamón y Rodrigo Fernández.
- ¿Qué herramientas o aprendizajes sientes que fueron clave en tu formación?
Creo que mi formación estuvo marcada por muchos aprendizajes distintos. Uno de los más importantes fue desarrollar constancia, disciplina y flexibilidad frente a los distintos desafíos que iban apareciendo en el camino. Por otra parte, el hecho de tener tantas instancias de funciones dentro y fuera de la universidad fue clave para entrenar no solo la técnica, sino también la interpretación y generar experiencia escénica.
Además, para mí fue muy importante descubrir la creatividad como una herramienta para la improvisación, el desarrollo de un lenguaje propio y la investigación. Aprender a organizar el movimiento para crear obras me ayudó mucho a comprender la danza desde un lugar más profundo y a fortalecer mi identidad como intérprete.
También valoro mucho el aprendizaje de entender que cada proceso tiene sus propios tiempos, la importancia de no compararse constantemente con el resto y de transitar la formación con más paciencia y autocuidado.
- ¿Hubo docentes o experiencias dentro de la Escuela que marcaran tu camino artístico?
Uff, la lista de maestros que marcaron mi camino es muy larga. Creo que partiría por mi primera maestra de contemporáneo, Sonia Araus, porque todos saben lo obsesionada que estoy con ella. Fue quien me hizo entender que el contemporáneo era realmente mi lugar en el mundo.
Desde la línea contemporánea, Mabel Olea, Nicolás Gonzales y Rocío Espejo también fueron fundamentales; cada uno aportó una visión distinta que me hizo enamorarme aún más de esta técnica y explorarla en todo su espectro.
Por otro lado, maestros como Edison y la maestra Viktoriya fueron claves en mi aprendizaje de ballet, ya que yo nunca había bailado esta técnica antes, así que creo que se llevaron el trabajo más pesado jajaja. También hubo maestros muy inspiradores para mí, como Vicenta Pavéz, Eric Alcota, Andrés Salas, Valentina Pavéz y Rodrigo Fernández.
Y más allá de lo académico, hubo docentes que marcaron profundamente mi vida personal, acompañándome y apoyándome en distintos momentos importantes. Por eso agradezco mucho la motivación y energía de Pamela Vallejos, los consejos de Silvio Aravena, la pasión que me transmitió Carolina Bigorra y la calidez que encontré en Jorge Olea y Tatiana Martínez.
Además, guardo con mucho cariño el proceso coreográfico de Nicolás Gonzales, las funciones de título y el viaje a Mendoza al Festival de Nuevas Tendencias, que realizamos con el maestro Olea.
- ¿Cómo crees que la Escuela Moderna influyó en tu identidad como intérprete?
Creo que la Escuela Moderna me dio el espacio necesario para descubrir, jugar e investigar mi identidad como intérprete. Me permitió explorar distintas maneras de entender la danza y encontrar una voz propia dentro de ella.
También siento que me entregó una visión de la danza desde el respeto por su historia y por quienes abrieron camino antes que nosotros, como Patricio Bunster y Joan Jara.
Además, creo que fue muy importante que constantemente me motivaran a ver obras y acercarme al trabajo de compañías como el Ballet Nacional Chileno, Compañía de Danza Espiral y distintas compañías independientes, porque eso me permitió tener referentes, inspiración y una conexión mucho más real con el mundo profesional de la danza.
- ¿Cómo fue el proceso de audición para ingresar al Ballet Nacional Chileno?
Al abrirse las postulaciones el proceso de audición comienza con el envío de un video corto de danza contemporánea, ya sea improvisación o repertorio y tu currículum.
Si se avanza a la etapa presencial, esta inicia con una clase de ballet como primer filtro técnico. Luego se aprende un fragmento de repertorio enseñado por bailarines de la compañía y se presenta en grupos frente a la comisión. Finalmente, se realiza una instancia de improvisación.
- ¿Qué desafíos enfrentaste durante este proceso?
Creo que el desafío más importante de este proceso fue cuidar mi salud mental. Aprender a sostener la presión, la incertidumbre y el desgaste emocional que implica perseguir un objetivo de esta envergadura.
- ¿Cómo te preparaste física y emocionalmente para esta audición?
Físicamente, me preparé tomando clases de ballet todos los días, entrenando contemporáneo y hip-hop en distintos lugares. También realicé preparación física personalizada junto a Pablo Díaz, de Centro Momento.
En lo emocional, fue muy importante contar con apoyo psicológico para poder enfrentar las dificultades emocionales, la presión y los nervios que implicaba todo este proceso.
- ¿Qué representa para ti formar parte del Ballet Nacional Chileno?
Formar parte del Ballet Nacional Chileno representa muchísimo para mí, no solo por lo que significa a nivel personal, sino también por el lugar que ocupa dentro de la historia de la danza en Chile. Siento que es una compañía que ha abierto caminos importantes para la danza contemporánea y posee un legado artístico muy valioso.
También representa la posibilidad de seguir creciendo, aprendiendo y compartiendo con artistas que admiro profundamente. Como bailarina que viene de región, poder llegar a un espacio así también tiene una carga emocional importante, porque simboliza que todo el esfuerzo, la constancia y los años de trabajo realmente valieron la pena.
- ¿Qué mensaje te gustaría dejar a la comunidad de la Escuela Moderna?
Que se rodeen de personas que los inspiren, que busquen referentes, que vean mucha danza y que no dejen de nutrirse de lo que ocurre dentro y fuera del aula.
A veces las cosas no se dan como uno espera, pero aun así creo que uno tiene un rol activo en construir su propio camino, con paciencia, conciencia y amor por lo que uno hace.
Agradecer profundamente a todos los maestros, “tíos” y “tías” de la Escuela Moderna, así como a las amistades que encontré en el camino, que hicieron que mi paso por la escuela fuera mucho más ameno, ligero y también muy divertido. Sin ellos, este proceso no habría sido lo mismo.
Además, admiro profundamente a muchos bailarines y bailarinas increíbles de la escuela, de quienes recibí mucha inspiración, tanto de generaciones anteriores como de las más recientes, lo que sin duda enriqueció y acompañó todo mi proceso formativo.
Hoy, su ingreso al Ballet Nacional Chileno marca el inicio de una nueva etapa, pero también refleja un recorrido construido con perseverancia, sensibilidad y amor por la danza. Desde Antofagasta hasta uno de los escenarios más relevantes de la danza contemporánea en Chile, su historia se convierte en inspiración para nuevas generaciones de estudiantes que sueñan con abrirse camino en el mundo artístico.


