Los próximos 18, 19 y 20 de diciembre se presentará Réquiem, la función de título de la generación 2021 de la carrera de Intérprete en Danza. El programa reúne tres obras coreográficas creadas por Joel Insunza (EIGENGRAU), Andrés Salas (404 – Not found) y Carolina Bravo (Músicas bonitas para sueños de despedida), articulando distintas miradas escénicas en una propuesta que aborda el cierre de un ciclo formativo desde lo artístico, lo humano y lo colectivo.
Acompañar a las y los intérpretes en este último tramo de su formación fue, para Joel Insunza, un ejercicio que combina placer y responsabilidad. Desde su rol docente y coreográfico, el creador subraya la importancia de entender este proceso como una transición fundamental entre la formación y el ejercicio profesional. En ese marco, señala, se construye un espacio profundamente nutritivo, basado en una pedagogía horizontal, donde el intercambio y el acompañamiento priman por sobre las jerarquías, permitiendo abordar el trabajo escénico con mayor conciencia, profundidad y sentido.
En su sección dentro de Réquiem, titulada Eigengrau, Insunza propone una exploración poética que se origina en un poema homónimo, escrito originalmente para la revista Mocha de Concepción, y en el concepto del gris intrínseco que el cuerpo percibe al cerrar los ojos. La obra se vincula a la oscuridad, la ruptura y la transformación, dialogando con procesos de pérdida y con una dimensión astral e íntima que se traduce en un lenguaje físico de alta intensidad dinámica.
Por su parte, Carolina Bravo, a cargo de la obra de gran formato Músicas bonitas para un sueño de despedida, destaca el carácter profundamente colectivo y afectivo del proceso creativo. “Fue muy placentero acompañarlos, fue un viaje bastante profundo donde sentí mucha entrega de parte del grupo”, señala, enfatizando la disposición, el deseo y el hambre de bailar con que la generación enfrentó el trabajo. Desde ese punto de partida, explica, comenzaron a florecer danzas íntimas, únicas y honestas.
La creación de Bravo se desarrolló principalmente a partir de la improvisación, permitiendo que emergieran las inquietudes, resonancias y estados emocionales que el grupo estaba atravesando como generación. La coreógrafa describe un universo onírico, no literal, donde se hizo cada vez más palpable la sensación de despedida. “Encaramos lo que significa un proceso de despedida, la oportunidad de poder despedirte, de observar la despedida como un espacio de gratitud”, explica, resaltando la importancia del reconocimiento mutuo, de la observación del otro y del agradecimiento compartido antes de iniciar un nuevo camino.
Ambos coreógrafos coinciden en destacar el crecimiento artístico y humano de la generación 2021 durante el montaje. Insunza subraya la consolidación de la confianza, la credibilidad y la entrega interpretativa, mientras que Bravo enfatiza la apertura, la escucha y el coraje del grupo para ofrecer danza. “Mi inspiración son ellos”, señala la coreógrafa, describiendo el proceso como una conversación amorosa y cuidada, donde la creación se construyó desde un intercambio constante.
Réquiem se configura, así como una función de título que no solo da cuenta del desarrollo técnico y expresivo de las y los intérpretes, sino también de un proceso colectivo marcado por la colaboración, la gratitud y la conciencia de estar cerrando una etapa para dar paso a nuevos comienzos dentro del campo artístico.


