Conversamos con los estudiantes de Composición que se encargaron de dar nueva vida al repertorio de las artistas chilenas que participan en este ciclo de “Mujeres Creadoras”. Su trabajo, aunque muchas veces invisible para el público, es clave para que cada concierto suene con fuerza, identidad y emoción.

Este 29 de mayo se realizó el primer concierto del segundo ciclo de Mujeres Creadoras, con la cantante Kya como protagonista. Pero detrás de la puesta en escena y la emoción del show en vivo, hay semanas de trabajo, diálogo creativo y mucho aprendizaje colaborativo.

“Fue un proceso bien bacán. Siempre con mucho respeto hacia el tema original. Uno no viene a cambiarlo todo, sino a adaptarlo, a pensar qué sumar, qué reinterpretar. Qué parte mantener porque es la esencia del tema y qué parte puede cambiar para que suene mejor con el formato que tenemos”, cuenta Gregorio Ried.

El proceso completo dura un mes, y se estructura por etapas: primero, los estudiantes trabajan en duplas para diseñar los arreglos; luego entregan el material al ensamble, que ensaya bajo supervisión docente; y finalmente, se suman dos ensayos con la artista invitada antes del espectáculo.

Los arreglistas también nos comentaron cuáles fueron las mayores enseñanzas que este proceso les ha dejado. Para Octavio Mena, uno de los grandes aprendizajes fue “ver cómo lo que uno escribe suena en manos de músicos reales. Uno está acostumbrado a hacerlo todo en el computador, pero escuchar cómo los demás interpretan tu idea es increíble”.

“Trabajar con el ensamble fue increíble”, dice Tomás Muñoz. “Finalmente son los mejores músicos de la escuela. Aprendí qué cosas funcionan al momento de la escritura y que cosas no, sobre todo también en nivel estructural.”

Y si a eso se suma la presencia de una artista profesional, el nivel de exigencia sube: los arreglos deben estar a la altura de una carrera, una imagen y de un estilo definido. Gregorio lo resume bien: “Aunque uno esté en la escuela, esto ya se siente como el mundo real. Kya tiene seguidores, tiene un sonido propio y uno debe respetarlo, mantenerlo, pero también aportar. Es una línea muy fina”.

Colaborar también significa ceder, aprender a trabajar en equipo, recibir feedback y adaptarse. Por eso este ciclo también les ha enseñado a muchos a construir relaciones laborales sanas.

“A veces no es tan fácil trabajar en dupla. Pero aprender a dialogar creativamente es clave. No se trata solo de ideas musicales, sino de cómo las propones, cómo corriges, cómo aceptas sugerencias”, dice Octavio.

“Lo más importante que aprendí es el trato humano. Saber recibir correcciones, no tomarse todo personal, entender que esto es un trabajo en equipo. Eso es lo más realista de esta experiencia: así es el mundo de la música”, agrega.

El orgullo de formar parte de Mujeres Creadoras también se refleja en cómo definen lo vivido. Para Alexis Rozas, es un paso concreto hacia el profesionalismo: “Nos acerca a una manera rigurosa de escribir música, de pensar los arreglos con precisión. Es un avance en nuestro rol como futuros profesionales”.

Cristóbal Hermosilla nos contó lo que significó para él ver sus arreglos en vivo: “El show con Kya fue muy especial. Sentimos que todo funcionó. Nos dio ese impulso de saber que lo estamos haciendo bien. Que podemos estar a la altura”.

Tomás, en cambio, lo define con una sola palabra: felicidad. “Porque básicamente estoy interactuando con seres humanos, una cosa es estar haciendo mi música en mi escritorio y otra es estar haciendo música para músicos reales y estar interactuando con ellos es una cosa mágica, así que felicidad más que todo.”

Y para quienes vienen después, el mensaje es claro:

“Que se atrevan. Las oportunidades están. Y cuando salgas, no siempre tendrás estas instancias. Aprovecha todo. Aunque sea algo que no te entusiasme tanto, igual hazlo. Todo suma”, dice Octavio.

“No se trata de demostrar que eres el mejor. Se trata de que todo funcione. De que el artista esté feliz con lo que preparaste. Eso es lo que uno se lleva”, agrega Cristóbal.

Mujeres Creadoras no solo es un espacio para visibilizar a voces femeninas de la música chilena. También es un laboratorio artístico y profesional para quienes sostienen con creatividad, talento y trabajo invisible cada una de las presentaciones.