Con 21 años, la estudiante de batería Sofía Galmes, logró junto a su compañera Nicole Miller, adjudicarse un Fondo para el Desarrollo de las Artes (FONDART) del Ministerio de Cultura para el financiamiento del primer Encuentro de Mujeres en el Jazz en Chile que se agendó para el 21, 22 y 23 de julio de manera online y completamente gratuito.

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El interés de Sofía Galmes por el jazz y la música improvisada comienza al conocer a su profesor y mentor Orión Lion Morales, pasando a ser parte su fundación «Música como agente de cambio», la cual le ha dado la oportunidad de formar parte de varios ensambles y participar en importantes festivales y eventos nacionales e internacionales representando a Chile como el  «Jazz day Unesco», Festival Chile Jazz por la Paz 2018, el Festival Internacional «Fijazz» de Costa Rica, el Panamá Jazz festival y El festival de Jazz Chile-Europa (online).

Con estos eventos como experiencia, es que Sofía, junto a otras compañeras de música, inicia el proyecto del primer Encuentro de Mujeres en el Jazz en Chile con el objetivo de “empoderar a cada música, mujer y disidencia. Que cada ser humano pueda manifestarse libremente desde sus habilidades, para así impulsar la participación de quienes, por causa de la estigmatización social, no han podido ser parte de este desarrollo cultural”, según indica el sitio web oficial del Encuentro.

¿Cómo se gesta este proyecto?

Todo surgió con una amistad musical con mi amiga Nicole, con la que nos conocimos cuando tuvimos la oportunidad de viajar al Festival de Jazz de Panamá en el verano de 2019.

Al estar allá, estábamos con una sensación increíble de lo que estábamos viviendo porque era demasiado maravilloso, pero estaba el tema que era un ambiente predominantemente de hombre, y no solo en el Jazz, sino que en la música general se da esto y más que nada en los instrumentistas.

Es súper normal ver una mujer cantante y que la banda que la acompaña son hombres, entonces como que siempre está esa conversación entre nosotras. En el 2021 es súper chocante leer los lineup de los grandes festivales como en Europa o EEUU, y hay, con suerte un 10% de mujeres y 90% hombres, y no es porque que no hayan mujeres, sino porque no se nos da ese espacio, no está la oportunidad, no nos llaman. Hay muchos prejuicios aún…

¿Tú crees que existe una especie de confianza diferentes en ciertos instrumentos al ser tocados por hombres que por mujeres?

Sí, todo el rato… Como baterista, la batería se ve como un instrumento de hombre, súper masculinizado, una pianista o violinista es percibido como más “normal” que una bajista por ejemplo, porque son instrumentos catalogados como más femeninos…

Después de volver de esa experiencia en Panamá, entramos al diplomado Comprovitation y y casi todo el equipo de trabajo salió de ahí, tremendas artistas como Luciana García, Tatiana Mora, Fernanda Reyes, Pilar Hernandez, Chío Barra, porque el diplomado parte con la primicia de la creación de un proyecto, ahí la Nicole – que también es parte del Diplomado- me dice: Sofi, tengo esta idea…

Visibilizar a mujeres y disidencias en este espacio musical masculinizado…

Y de conectarnos también, porque siempre pasa que estamos tocando, y por ejemplo yo, en casi todas las bandas en las que he estado, he sido la única mujer… y no conozco otras mujeres con las que pueda armar una banda, entonces también conectarnos entre nosotras y crear una comunidad y un espacio donde nos sintamos cómodas.

Pasa también que hemos tenido experiencias en las que nos hemos sentido como que no nos dan la importancia, no nos incluyen en las decisiones… Incluso esto lo hemos hablado con grandes músicas que han sentido que, al tocar con bandas de hombres, tienen que ponerse a la defensiva y tratar de probar que sí puedes.

Dices que tienes que demostrar más tus talentos en un ambiente así…

Exacto. Probar de que sí eres capaz de estar a la altura. En especial el Jazz que es un ambiente súper virtuoso, por decirlo, como música más compleja y está esta idea de ser técnicamente avanzado, y ahí las mujeres tenemos que demostrar que podemos…

A eso va el espacio de Encuentro: de estar cómodas, y que podamos ser quienes somos y compartir más que una competencia.

Los recursos para poder desarrollar un proyecto así son clave. En enfoque de género y la versión 100% online es lo que Sofía cree fueron los aspectos más destacables de su propuesta para la adjudicación de fondos públicos.

He escuchado otros proyectos que están surgiendo en Latinoamérica, por ejemplo, de mujeres en el jazz y todo, pero es como súper difícil concretarlo por el tema de los recursos. Entonces, en ese contexto, nosotras postulamos a un FONDART. Empezamos en marzo, abril del año pasado.

La idea era hacerlo presencial – porque igual queremos hacerlo los años que vienen – pero cambiamos y dijimos: ya! hagámoslo totalmente online y virtual, y creo que eso es una de las razones por las que quedamos, porque los proyectos que eran presenciales fueron descartados altiro, como el hecho de poder adaptarse a la pandemia, y también como una oportunidad de seguir haciendo música en esta situación tan compleja, que para los músicos y músicas han sido difícil…

La música es súper de compartir, de sentir la música en vivo, y de crear comunidad. Es súper solitario el estudio del instrumento, entonces hace falta esos espacios de poder compartir.

El evento es abierto a toda la comunidad

Lo único separatista eran las postulaciones a los ensambles porque eran solo para mujeres y disidencias (..) pero toda la gente está invitada a asistir a los conciertos, los conversatorios, hacer sus preguntas, participar de las reflexiones e ir a las clases.

Es importante el hecho de que haya mujeres enseñando a hombres porque eso se da súper poco. Yo he tenido puros profesores hombre en mi vida, y aunque han sido tremendos profes, y siempre he sentido que no hay mucho referente en la batería…  Es importante que para una niña de 13 años que está recién tocando batería haya referentes para poder decir: yo quiero ser así.

La música puede ser un medio para hacer grandes cosas, y cambiar las cosas que nos gustan, o potenciar las que sí, crean oportunidades, juntan a la gente… la música es un medio muy lindo para crear un mundo mejor.

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El gusto musical de Sofía Galmes comenzó a los 9 años. “Lo primero que hice fue cantar y componer. Mi mamá es cantautora, incluso tiene un disco… fue mi primera inspiración”.

La batería llegó a ella como a los 15, cuando su primo le regaló el instrumento y “ahí empecé a tocar rock, punk… Todo fuerte y hacer ruido… A esa edad tienes mucho sentimiento y no sabes qué hacer con ellos, y la batería me ayudó mucho a expresarme en ese sentido.”

Sofía entró a la Escuela Moderna a estudiar Composición, pero luego se cambió a batería “y ha sido bacán la experiencia” según nos comenta. Tiene profesores como Juan Carlos Raglianti que están acompañándola desde el preuniversitario – que hasta hoy ya son 4 años-.

“La Escuela me ha ayudado a manejarme en distintos estilos. Me gustan muchos estilos como la salsa, la música latina, el pop, el rock… aún no se si quiero irme 100% por el lado del Jazz”, concluye.

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